Cuidar la mascota de un padre mayor cuando ya no puede solo
Publicado el · Por Andy y Adam, CareCoordinate
Para muchos adultos mayores, el perro o el gato es la razón para levantarse en la mañana, el único cuerpo tibio de la casa, y la última relación en la que ellos son quienes cuidan y no a quienes cuidan. Quitarles la mascota «por su propio bien» es una de las cosas más dolorosas que puede hacer una familia, y muchas veces es innecesario.
Lo que normalmente tiene que cambiar no es si la mascota se queda, sino quién hace cada parte de su cuidado. Las necesidades de una mascota se pueden seguir igual que las de un padre —comida, medicamentos, visitas al veterinario, ejercicio— y la familia las puede repartir de la misma forma. Así se mantiene a la mascota en la vida de su familiar, con seguridad.
Divida el cuidado de la mascota en «todavía puede» y «necesita ayuda»
Siéntese con su familiar y repasen la semana de la mascota. Darle de comer, ponerle agua fresca y hacerle compañía normalmente están bien y les hacen bien a los dos. Los paseos pueden haberse vuelto un riesgo de caída; agacharse a la caja de arena o cargar un bulto de veinte kilos de croquetas puede ser imposible; manejar al veterinario tal vez ya se acabó. Sea concreto y amable: la meta es que el animal esté bien cuidado y que su familiar siga siendo su persona.
Reparta o contrate las partes difíciles
Las tareas que se volvieron difíciles van al calendario de cuidado de la familia con un nombre al lado —la ida al veterinario del sábado, el cambio semanal de la arena, la entrega de las croquetas— o se contratan. Los paseadores, los cuidadores de mascotas, las estéticas móviles y los veterinarios que van a domicilio son comunes y no son caros comparados con las alternativas. Las croquetas y la arena con envío automático hasta la puerta eliminan por completo el cargar cosas pesadas. El hijo adolescente de un vecino que saca al perro al salir de la escuela suele ser el mejor arreglo de todos.
Lleve el control de la mascota como de un familiar
Las mascotas con medicamentos, dietas especiales o visitas regulares al veterinario necesitan la misma disciplina que el cuidado de un padre: una lista de qué toman y cuándo, las próximas visitas y vacunas, los datos del veterinario, y una nota cuando algo cambie. Guárdelo en el expediente compartido, junto al cuidado de su familiar, para que el hermano que cubre la visita del jueves sepa que le toca la insulina a la gata. Justo por eso CareCoordinate incluye a las mascotas en el círculo de cuidado: sus medicamentos, sus visitas al veterinario y sus registros diarios quedan junto a los de su familiar, donde la familia sí los va a ver.
Planee la emergencia
Si se llevan a su familiar al hospital, ¿quién se queda con la mascota esa noche? Decídalo desde ahora. Escriba en la hoja de información de emergencia que hay una mascota en la casa, a quién llamar, y dónde están su comida, su transportadora, su correa y sus documentos del veterinario. Tenga junto a la puerta una mochila lista para la mascota. Algunas comunidades tienen programas que dan hogar temporal a las mascotas mientras su dueño está hospitalizado; el veterinario o el albergue local sabrán.
Tengan también la conversación más larga, con cuidado: si llega el día en que su familiar ya no pueda quedarse con la mascota, ¿a dónde le gustaría que fuera? Una persona nombrada y acordada de antemano le ahorra a todos una decisión tomada en pleno duelo.
Arregle el entorno, no el vínculo
Casi todos los riesgos que una mascota representa para un adulto mayor se resuelven con equipo y rutina: un comedero elevado y una caja de arena autolimpiable o de bordes altos, un arnés y una correa corta para un perro fuerte, los paseos a cargo de alguien más firme, la cama de la mascota fuera del camino nocturno al baño, y el pelo recogido de las escaleras. Si el animal en sí se volvió demasiado —un perro grande y joven para un dueño frágil—, la respuesta puede ser otra mascota, no ninguna mascota. Los animales mayores y tranquilos de los albergues muchas veces son la pareja perfecta.
Conserve las partes del cuidado que su familiar todavía puede hacer, ponga las difíciles en el calendario familiar o contrátelas, lleve los medicamentos y las visitas al veterinario en el expediente compartido, planee quién se lleva al animal en una emergencia, y arregle el entorno en vez de terminar la relación. Una mascota es parte del plan de cuidado de su familiar: trátela así.
Preguntas que hacen las familias
¿Un adulto mayor debería renunciar a su mascota?
- Normalmente no. La mascota suele ser una fuente enorme de sentido y de compañía. Lo que casi siempre tiene que cambiar es quién se encarga de las partes difíciles —paseos, arena, veterinario, bultos pesados—, que la familia puede repartir o contratar mientras su familiar sigue siendo la persona de la mascota.
¿Qué pasa con la mascota de mi familiar si lo hospitalizan?
- Decidan de antemano quién se lleva a la mascota, y escríbalo en la hoja de información de emergencia junto con dónde están la comida, la transportadora, la correa y los documentos del veterinario. Tenga una mochila lista junto a la puerta. Algunas comunidades tienen programas de hogar temporal para mascotas de dueños hospitalizados.
¿Cómo pueden los familiares ayudar con el perro de un padre mayor?
- Pongan las tareas que se volvieron difíciles —los paseos diarios, las idas al veterinario, la estética, la entrega de croquetas y arena— en el calendario de cuidado de la familia con nombres al lado, o contraten a un paseador o cuidador para ellas. Lleven los medicamentos y las visitas al veterinario en el mismo expediente compartido que el cuidado de su familiar.