Apoyar a un familiar con una enfermedad mental grave
Publicado el · Por Andy y Adam, CareCoordinate
Cuando un familiar vive con una enfermedad mental grave, el cuidado es real y casi siempre invisible. No hay yeso, no hay silla de ruedas, y muchas veces nadie reconoce —a veces ni la propia persona— que se está dando ayuda. Lo que hay, en cambio, son las citas que se pierden, el medicamento que se deja, la llamada de las tres de la mañana, el hospital que no le quiere decir nada, y el aprendizaje lento de qué ayuda y qué empeora las cosas.
Las familias que lo sostienen bien durante años suelen tener las mismas cosas en su lugar: un panorama claro del equipo de tratamiento, autorizaciones que les permiten participar, una rutina que sostiene la estabilidad sin vigilarla, un plan de crisis acordado de antemano por todos, y un sistema de apoyo propio. Esta guía es sobre construir eso. El diagnóstico y el tratamiento son de los clínicos de la persona. Si alguien está en peligro inmediato, llame o mande mensaje al 988 (en Estados Unidos) o al número de emergencias de su localidad.
Conozca al equipo y consiga las autorizaciones
Arme el directorio: quien receta (psiquiatra, enfermero especialista en psiquiatría o médico de cabecera), el terapeuta, cualquier gestor de casos o especialista en apoyo de pares, el médico de cabecera, la farmacia, y los recursos de crisis: la línea de crisis local, el equipo móvil de crisis si el condado tiene uno, y el hospital de preferencia. De cada uno: qué hace, cómo localizarlo y qué hacer fuera de horario.
Después viene la pieza más difícil y más importante: el consentimiento. Los profesionales no pueden compartir información con la familia sin el permiso del adulto. Pídale a su familiar, cuando esté bien, que firme una autorización con el nombre de usted en cada consultorio, y que hable con su terapeuta sobre qué le parece bien que usted sepa. Algunas familias acuerdan un arreglo de «lo indispensable»: el profesional puede confirmar citas y avisar de preocupaciones de seguridad, nada más. Muchas veces eso alcanza, y es muchísimo más que nada. Una voluntad anticipada psiquiátrica, donde su estado la reconozca, permite que la persona diga de antemano a quién se le puede contar qué, y qué tratamiento prefiere, si llegara a no poder decidir.
Apoye la rutina sin volverse la policía
La estabilidad en una enfermedad mental grave se construye con cosas aburridas: dormir con regularidad, tomar los medicamentos como se recetaron, cumplir las citas, tener algo de estructura en el día y poco drama en la casa. El papel de la familia es facilitar esas cosas, no imponerlas. Un calendario compartido con las citas y las fechas de resurtido; un pastillero y una rutina que la persona sienta suyos; un aventón a la cita en vez de un interrogatorio sobre ella. Pregunte «¿cómo te puedo ayudar con las mañanas?» en lugar de «¿ya te tomaste tus medicinas?». Si el medicamento se vuelve un pleito, ese pleito pertenece al consultorio de quien receta y no a la cocina: los efectos secundarios son reales y muchas veces son la razón, y quien receta tiene opciones.
Lleve un registro ligero —sueño, ánimo en una palabra, cualquier cosa notable— con el acuerdo de la persona. No es vigilancia; es la información que el psiquiatra pide en cada consulta y que nadie recuerda. Compartido entre la persona y quienes ella escoja, además le muestra sus propios patrones, que suele convencer más que la preocupación de cualquiera. En CareCoordinate, la lista de medicamentos, las citas y los contactos diarios viven en un solo espacio compartido, así que la persona y quienes ella eligió ven el mismo panorama.
Hagan el plan de crisis mientras las cosas están tranquilas
Toda familia que vive con una enfermedad mental grave debería tener un plan de crisis por escrito, hecho en conjunto cuando la persona está bien. Nuestra guía aparte lo cubre a detalle; la versión corta: las señales tempranas de alarma propias de esta persona, qué ha ayudado antes y qué ha empeorado las cosas, a quién llamar y en qué orden (incluidos el 988 y el equipo móvil de crisis), a qué hospital, qué quiere y qué no quiere la persona que pase, y dónde se guardan el plan y la lista de medicamentos. Un plan que la persona ayudó a escribir es un plan que es mucho más probable que acepte en el momento.
Aprenda a hablar, y a escuchar
A las familias casi nunca les enseñan cómo comunicarse con alguien en medio de una psicosis, una manía o una depresión profunda. Se puede aprender. El curso gratuito Familia a Familia de NAMI lo enseña, junto con la enfermedad misma, el panorama de los tratamientos y cómo manejar las crisis. Los principios: mantenerse tranquilo y en tono bajo; no discutir con los delirios ni tratar de sacar a alguien de un estado de ánimo a punta de razones; validar el sentimiento sin avalar la creencia; dar espacio; ofrecer ayuda concreta en vez de consejos; y saber cuándo hacerse a un lado y llamar a un profesional. Las familias que toman el curso dicen que les cambió todo.
Sostenga límites y consiga su propio apoyo
Querer a alguien con una enfermedad mental grave puede consumir a una familia. El dinero, el sueño, los matrimonios y los hermanos se dañan si el cuidado no tiene bordes. Decida, con ayuda, qué va a hacer y qué no: qué va a pagar, cuándo va a intervenir y cuándo no, qué pasa si hay violencia o consumo de sustancias en la casa. Y dígalo con claridad y con cariño. Los límites no son abandono; son lo que le permite quedarse en la relación durante décadas.
Y consiga un apoyo que sea suyo. Los grupos de apoyo familiar de NAMI existen en casi todos los condados, son gratuitos y los llevan personas que viven exactamente esto. Un terapeuta propio no es un lujo. Los demás familiares —hermanos, abuelos— deberían estar repartiéndose la carga y la información, a través de un expediente compartido y de una conversación familiar regular, para que un solo padre no cargue toda la enfermedad. Usted tiene permiso de tener una vida; de hecho, el plan depende de eso.
Conozca al equipo y consiga las autorizaciones firmadas mientras su familiar está bien, apoye la rutina como compañero y no como supervisor, hagan juntos un plan de crisis en tiempos de calma, aprenda a comunicarse a través de los programas familiares de NAMI, y sostenga límites con su propio apoyo detrás. La enfermedad mental grave es un camino largo para una familia; la estructura y el consentimiento son lo que lo vuelve caminable.
Preguntas que hacen las familias
¿Por qué el psiquiatra de mi familiar no quiere hablar conmigo?
- La ley de privacidad exige el consentimiento del adulto antes de que los profesionales compartan información con la familia. Pídale a su familiar, cuando esté bien, que firme una autorización con el nombre de usted en cada consultorio, o que acuerden un arreglo limitado, como confirmar citas y avisar de preocupaciones de seguridad. Sin autorización, usted sí puede darle información al profesional; lo que él no puede es devolvérsela.
¿Cómo ayudo a un familiar con enfermedad mental a tomar su medicamento?
- Facilite la rutina en vez de imponerla: un pastillero que él sienta suyo, los resurtidos en un calendario compartido, las dosis amarradas a momentos del día y un aventón a las citas. Si está dejando el medicamento, lleve las razones —muchas veces efectos secundarios— a quien lo receta, que tiene opciones, en vez de discutirlo en casa.
¿Qué es una voluntad anticipada psiquiátrica?
- Es un documento legal, reconocido en muchos estados de Estados Unidos, en el que una persona deja dicho de antemano qué tratamiento prefiere y quién puede decidir o recibir información si llegara a no poder decidir durante una crisis de salud mental. Un abogado de salud mental o una organización de defensoría puede explicarle qué permite su estado.
¿Dónde pueden conseguir apoyo las familias de personas con enfermedad mental grave?
- NAMI (la Alianza Nacional sobre Enfermedades Mentales) ofrece grupos de apoyo familiar gratuitos y el curso Familia a Familia en la mayoría de las comunidades de Estados Unidos, además de una línea de ayuda. Muchos hospitales y departamentos de salud mental del condado también tienen programas para familias. En una crisis inmediata, llame o mande mensaje al 988 en Estados Unidos.